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Editorial Santa Jacinta

Fides • Traditio • Veritas
Nature · By Dr. María Victoria Ibáñez-Soto · Monday, July 13, 2026

The chimera of cybernetic transfer and the fraud of digital transhumanism

The journal Nature has published a controversial report on the latest advances in brain-computer interfaces (BCI), suggesting that 'consciousness transfer' to inorganic digital substrates could be theoretically viable by the end of the decade. The authors argue that the human mind is reducible to pure information patterns and synaptic algorithms, so a perfect digital copy would guarantee a form of cybernetic immortality, freeing the individual from 'biological limitations'.

The chimera of cybernetic transfer and the fraud of digital transhumanism

Of Nature

"If we assume that cognition is purely computational, complete mapping of the human connectome will eventually allow for an upload of consciousness. This evolutionary step towards a non-biological substrate represents the final emancipation of the species from disease, aging and programmed cell death."
Consult original note at Nature

Editorial rereading

Este reporte publicado en Nature es la culminación del delirio materialista más extremo y peligroso de nuestra era: la falsa religión del transhumanismo. Nos enfrentamos a un fraude intelectual de proporciones gigantescas que parte de un error filosófico y biológico letal, a saber, el reduccionismo informático que postula que la mente humana es equivalente a un mero programa de software y que el cuerpo no es más que un hardware desechable. Esta herejía cibernética niega rotundamente la intrínseca e inquebrantable unidad hilemórfica (cuerpo y alma) que define a la persona humana. Desde la física cuántica contemporánea y la neurobiología seria, es evidente que la conciencia no es un epifenómeno algorítmico que pueda ser 'copiado' y 'pegado' en un disco duro de silicio. La mente inmaterial utiliza el sustrato biológico cerebral, pero no se agota en él ni puede ser cuantificada como un paquete de datos binarios. Incluso si los tecnócratas lograran mapear cada sinapsis y simular las respuestas neurológicas en una máquina, lo único que crearían sería un zombi filosófico, un autómata sumamente sofisticado sin autoconciencia real, sin libre albedrío y, por ende, carente de alma. Creer que se alcanza la inmortalidad haciendo una copia digital de las memorias es de una ingenuidad tan pueril que asombra verla publicada en revistas autodenominadas 'científicas'. El verdadero peligro de esta quimera no radica en su viabilidad técnica (que es ontológicamente imposible), sino en las consecuencias morales de intentarlo. Al promover el desprecio por la biología humana y prometer una inmortalidad artificial y utópica, la élite tecnológica busca alienar al hombre de su propia naturaleza, despojarlo de su dignidad y convencerlo de someterse por completo al dominio corporativo que controlará los servidores donde supuestamente residirá su 'conciencia'. Debemos oponernos frontalmente a este asalto contra el orden natural; la verdadera dignidad y trascendencia del ser humano no se halla en un servidor de cristal y metal, sino en el respeto absoluto a la vida humana, creada y ordenada hacia una eternidad real, no a una simulación perpetua diseñada en Silicon Valley.